domingo, 7 de febrero de 2010

Baroja novela el desastre de 1898



A los pocos días de llegar a Madrid, Andrés se encontró con la sorpresa desagradable de que se iba a declarar la guerra a los Estados Unidos. Había alborotos, manifestaciones en las calles, música patriótica a todo pasto.
Andrés no había seguido en los periódicos aquella cuestión de las guerras coloniales, no sabía a punto fijo de qué se trataba. Su único criterio era el de la criada vieja de Dorotea, que solía cantar a voz en grito, mientras lavaba, esta canción:
Parece mentira que por unos mulatos
estemos pasando tan malitos ratos;
a Cuba se llevan la flor de la España,
y aquí no se queda más que la morralla.
Todas las opiniones de Andrés acerca de la guerra estaban condensadas en este cantar de la vieja criada.
Al ver el cariz que tomaba el asunto y la intervención de los Estados Unidos, Andrés quedó asombrado.
En todas partes no se hablaba más que de la posibilidad del éxito o del fracaso. El padre de Hurtado creía en la victoria española; pero en una victoria sin esfuerzo; los yanquis, que eran todos vendedores de tocino, al ver a los primeros soldados españoles dejarían las armas y echarían a correr. (...)
Los periódicos no decían más que necedades y bravuconadas: los yanquis no estaban preparados para la guerra; no tenían ni uniformes para sus soldados. En el país de las máquinas de coser, el hacer unos cuantos uniformes era un conflicto enorme, según se decía en Madrid.
Para colmo de ridiculez, hubo un mensaje de Castelar a los yanquis. Cierto que no tenía las proporciones bufo-grandilocuentes del manifiesto de Víctor Hugo a los alemanes para que respetaran París; pero era bastante para que los españoles de buen sentido pudieran sentir toda la vacuidad de sus grandes hombres.
Andrés siguió los preparativos de la guerra con una emoción intensa.
Los periódicos traían cálculos completamente falsos. Andrés llegó a creer que había alguna razón para los optimismos. Días antes de la derrota encontró a Iturrioz en la calle. -¿Qué le parece a usted esto? -le preguntó. -Estamos perdidos.
-¿Pero si dicen que estamos preparados?
-Sí, preparados para la derrota. Sólo a ese chino que los españoles consideramos como el colmo de la candidez se le pueden decir las cosas que nos están diciendo los periódicos. -Hombre, yo no veo eso.
-Pues no hay más que tener ojos en la cara y comparar la fuerza de las escuadras. Tú, fíjate: nosotros tenemos en Santiago de Cuba seis barcos viejos, malos y de poca velocidad; ellos tienen veintiuno, casi todos nuevos, bien acorazados y de mayor velocidad. Los seis nuestros, en conjunto, desplazan aproximadamente veintiocho mil toneladas; los seis primeros suyos, setenta mil. Con dos de sus barcos pueden echar a pique toda nuestra escuadra; con veintiuno no van a tener sitio donde apuntar.
-¿De manera que usted cree que vamos a la derrota?
-No a la derrota, a una cacería. SI alguno de nuestros barcos puede salvarse, será una gran cosa.
Andrés pensó que Iturrioz podía engañarse; pero pronto los acontecimientos le dieron la razón. El desastre había sido como decía él: una cacería, una cosa ridicula.
A Andrés le indignó la indiferencia de la gente al saber la noticia. Al menos él había creído que el español, inepto para la ciencia y la civilización, era un patriota exaltado, y se encontraba que no; después del desastre de las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y en Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo; aquellas manifestaciones y gritos habían sido espuma, humo de paja, nada.
Pío BAROJA: El árbol de la ciencia. Sexta parte. 1911

domingo, 24 de enero de 2010

Una página de interés para Geografía de 2º de Bachillerato

El Instituto Geográfico Nacional tiene una pagina muy interesante para los alumnos de Geografía de 2º de Bachillerato. En ella además de explicaciones claras y concisas encontraréis mapas, gráficos y animaciones excelentes.
Podéis ir a ella pinchando aquí.

lunes, 4 de enero de 2010

La princesa de Éboli


La Princesa de Éboli
Esta mujer que vemos en el retrato con un parche en el ojo, y a la que los libros en que estudiábamos, se solían referir diciendo “mujer de extraña belleza”, es Ana de Mendoza de la Cerda, nacida en Cifuentes, provincia de Guadalajara el 29 de junio de 1540. Parece ser que la pérdida del ojo fue causada por la punta de un florete cuando practicaba esgrima, actividad a la que era muy aficionada y nada habitual en las damas de la época.
Una reciente película: “La conjura del Escorial” (2008) recrea las intrigas en las que se vio envuelta a la muerte de su marido.
De alta cuna, su padre fue virrey de Aragón, se casó a la increíble, para nuestros tiempos, edad de 12 años si bien permaneció en casa de sus padres, tras firmar las capitulaciones y el matrimonio no empieza a convivir hasta cuatro años después.
Su marido es Rui Gomes da Silva, un noble de origen portugués muy influyente en la corte de Felipe II. Había llegado a Castilla en el séquito de Isabel de Portugal,acompañando a su abuelo, quedando al servicio de esta. Cuando nace el príncipe Felipe tiene por esta razón mucho trato con él, siendo compañeros de juegos, y a la muerte de la emperatriz pasa a ser paje del príncipe. Cuando en 1548 Felipe tenga casa propia Rui Gomes será uno de los cinco gentihombres de cámara.
Rui Gomes se trasladó a Inglaterra con motivo del matrimonio de Felipe con la reina de Inglaterrra María Tudor donde permaneció hasta 1559.
El matrimonio de la princesa de Éboli fue impulsado por el entonces príncipe Felipe, futuro Felipe II. Pretendía casar a Rui Gomes con una dama de la nobleza castellana pero la primera elegida se hace monja, es por esto por lo que se piensa en Ana como candidata.
El ojo que tapa con un parche se dice que lo había perdido en su infancia en un ejercicio de esgrima, actividad a la que era aficionada. Otros piensan que no era tuerta sino bizca. A pesar de ello era considerada una de la mujeres más bellas de la Corte.
Su vida durante su matrimonio fue muy discreta, pero tras la muerte de su marido ocurrida en el año 1573 es cuando empieza una vida muy activa tras una primera intención de retirarse a un convento. Había solicitado con su marido a Santa Teresa la fundación de conventos de carmelitas y los financiaba, pero ya en ese momento habían surgido discrepancias con las monjas; discrepancias que resolvió su marido Ruy Gómez.
A la muerte de su marido intenta vivir en un convento, pero las tensiones con las monjas van en aumento ya que pretende continuar con su lujosa vida y contravenir la disciplina, lo que contrasta con el ambiente propicio para un convento de carmelitas descalzas. Al fin las monjas abandonan el convento y Ana de Mendoza vuelve a la Corte.
Se le atribuyen relaciones con el Rey y con su Secretario, Antonio Pérez. Sean o no ciertas sí lo es que estuvo mezclada en las intrigas políticas del reinado. En esos momentos se produce el asesinato de Juan de Escobedo, enviado a la Corte por Don Juan de Austria, que mandaba las tropas que luchaban con los rebeldes en los Países Bajos.
Acusada de intervenir en estas intrigas, en 1579 Felipe II ordena su encierro en el Castillo de Pinto, y más tarde en la fortaleza de Santorcaz para acabar luego recalando en su palacio de Pastrana. El Rey la priva de la administración de sus bienes y de la custodia de sus hijos y mantiene con ella una actitud dura, mientras que cuida y protege a sus hijos, que también lo son de su fallecido amigo Ruy Gómez. En este encierro continúa su vida hasta su fallecimiento ocurrido en el año 1592.

domingo, 3 de enero de 2010

Intentos de golpe de estado en la transición












El peso de los militares en la transición a la democracia en España
El franquismo fue un régimen político que descansaba sobre todo en el apoyo del ejército. Desde sus mismos orígenes, un levantamiento encabezado por sectores de la milicia hasta la presencia de militares en el primer plano del poder durante muchos años, este grupo social era la reserva de Franco. Cuando el dictador declina físicamente se plantea la necesidad de organizar un sistema institucional que le sobreviviese e hiciese posible el franquismo sin Franco. Se solía decir “después de Franco, las Instituciones”, pero no era real; el sistema se articulaba en torno a la persona del “Generalísimo” que centralizaba es su persona todos los poderes y su falta difícilmente podía suplirse. Por lo demás la situación económica y social del país había cambiado en extremo, en buena parte debido al entorno y en parte al propio éxito de las políticas económicas emprendidas a partir del Plan de Estabilización de 1959. El entorno internacional tampoco era propicio a la supervivencia de una dictadura en el sur del continente europeo donde la Comunidad Económica Europea se perfilaba como una potencia económica que no admitía en su seno dictaduras.
A pesar de todo ello no era fácil la transición pues si bien era deseado el establecimiento de una democracia por la mayor parte de la población el aparato de estado estaba controlado por personas procedentes del franquismo, muchos de ellos hostiles a un cambio democrático.
La muerte de Franco situó en primer plano del protagonismo político a un rey, que apostó por la democratización y tuvo el apoyo de políticos del interior del estado que secundaron sus intenciones. También hubo un sector del estado y de la sociedad que quería eternizar el franquismo y se oponía a los cambios. La circunstancias tampoco eran fáciles, la crisis económica de 1973 complicaba la situación y el terrorismo golpeando fuertemente contribuía a exacerbar los ánimos de las fuerzas del orden y de los militares.
Los militares habían sido formados en la academias militares franquistas donde se les había inculcado la idea de que eran el último baluarte en la defensa de las esencias patrias y que su misión era velar para impedir transformaciones dañinas para España. El comunismo o las amenazas a la unidad de la Patria que suponían los nacionalismos periféricos eran considerados motivos para que sectores del ejército considerasen que debía dar un golpe de timón, si era necesario derribando al poder civil y sustituyéndolo por otro, preferentemente militar.
Los políticos de la transición siempre tuvieron que contar con la posibilidad de un golpe de estado protagonizado por militares, era lo que en la época se llamaba “ruido de sables”. La situación fue difícil e incluso pudo haber truncado el proceso democrático, el ejemplo más claro fue el intento de golpe del 23 F ( 23 de febrero de 1981) cuando Tejero toma el Congreso de los Diputados con el gobierno en pleno dentro debatiendo la investidura del nuevo presidente Leopoldo Calvo Sotelo. El mismo Tejero había sido sorprendido intentando un golpe antes, la “operación Galaxia” y juzgado por ella con un trato benévolo. Todavía hoy se desconoce la profundidad que había alcanzado la trama o tramas golpistas que afloraron en aquel 23 F. Los juicios posteriores no profundizaron en el juicio de la “trama civil” ni entraron en profundidad en todos los contactos que podía haber establecido los golpistas, quizás la naciente democracia no hubiese soportado la profundización. En una conversación con la periodista Victoria Prego recogida en su libro “Presidentes”, Calvo Sotelo cuenta como tuvo que acotar el número de personas para no implicar a muchísimas.
Pero las intentonas golpistas no acabaron con el 23 F, Muy cerca de las elecciones de 1982, que acabarían llevando al poder al PSOE, el 2 de Octubre agentes del servicio de inteligencia (el CESID) detienen a Luis Muñoz Gutiérrez y Jesús Crespo Cuspinera, coroneles , y al teniente coronel José Crespo Cuspinera, hermano del anterior, como responsables de una intentona golpista prevista para el día 27 de Octubre. Se les acusa de preparar la operación “Cervantes”, un golpe de estado que pretendía ocupar la residencia del Rey, la del presidente, el ministerio del interior, los cuarteles generales de los tres ejércitos, las comunicaciones, TVE... hacerse con la capitanias generales. También el tratamiento que se le dio tanto por parte del gobierno saliente de Calvo Sotelo como del entrante de Felipe González fue muy discreto.
Muchos militares simpatizaron, o por lo menos no veían tan grave la actuación de Tejero y Felipe González tendrá que afrontar algunos problemas por esos temas. Pocos días después de acceder a la presidencia, el doce de diciembre, había accedido el día 2, su recién nombrado ministro de defensa, Narcís Serra, le comunica que el Consejo Supremo de Justicia Militar tenía en el orden del día la decisión de poner en libertar a los implicados en el 23 F, incluso preveían nueve votos a favor, de los doce. Serra por orden de Felipe está dispuesto a disolver el Consejo si ese asunto figura en el orden del día. La explicación que le pretenden dar a Serra es que no ha habido muertes, son unos caballeros, es un gesto de amistad, vienen las navidades... Al fin la postura del gobierno hace que ese asunto se borre del orden del día. Una cosa es no extender la investigación, otra muy distinta que saliesen en libertad los imputados.
También era frecuente que cargos importantes del ejército hiciesen declaraciones de contenido político pretendiendo enmendar la plano a los poderes civiles. Un ejemplo lo tenemos en unas declaraciones que hace el general Fernando Soteras, capitan general de la VII Región Militar, publicadas en Interviú en septiembre de 1983. Justifica el 23 F y pide el indulto para los implicados. El gobierno de Felipe González no entra en polémica, lo cesa y nombra un nuevo capitán general.
Incluso en el año 1985 vuelven los servicios de información a desmantelar otro golpe contra los representantes del estado. Se trata de un atentado contra el desfile que el día de las fuerzas armadas se iba a celebrar en La Coruña el 2 de junio de ese año. Previsiblemente se encontrarían ese día en la tribuna los Reyes, el Príncipe de Asturias, el Presidente del Gobierno y otros altos cargos. Felipe González insiste en que no era conveniente alarmar al país ni a los miembros de la Unión Europea que en aquellos momentos estaban a punto de firmar el acuerdo de ingreso con España y que podía paralizarlo.
Como vemos hasta la entrada de España en la Unión Europea la amenaza de un golpe militar estuvo presente y los distintos gobiernos tuvieron que preocuparse de adelantarse a sus intenciones y detenerlos antes de que se produjesen. El militarismo que procedía del siglo XIX tuvo gran protagonismo en los momentos de la transición.El peso de los militares en la transición a la democracia en España
El franquismo fue régimen político que descansaba sobre todo en el apoyo militar. Desde sus mismos orígenes, un levantamiento encabezado por sectores del ejército hasta la presencia de militares en el primer plano del poder durante muchos años, los militares eran la reserva de Franco. Cuando el dictador declina físicamente se plantea la necesidad de organizar un sistema institucional que le sobreviviese e hiciese posible el franquismo sin Franco. Se solía decir “después de Franco, las Instituciones”, pero no era real; el sistema se articulaba en torno a la persona del “Generalísimo” que centralizaba es su persona todos los poderes y su falta difícilmente podía suplirse. Por lo demás la situación económica y social del país había cambiado en extremo, en buena parta debido al entorno y en parte al propio éxito de las políticas económicas emprendidas a partir del Plan de Estabilización de 1959. El entorno internacional tampoco era propicio a la supervivencia de una dictadura en el sur del continente europeo donde la Comunidad Económica Europea se perfilaba como una potencia económica que no admitía en su seno dictaduras.
A pesar de todo ello no era fácil la transición pues si bien era deseado el establecimiento de una democracia por la mayor parte de la población el aparato de estado estaba controlado por personas procedentes del franquismo, muchos de ellos hostiles a un cambio democrático.
La muerte de Franco situó en primer plano del protagonismo político a un rey, que apostó por la democratización y tuvo el apoyo de políticos del interior del estado que secundaron sus intenciones. También hubo un sector del estado y de la sociedad que quería eternizar el franquismo y se oponía a los cambios. La circunstancias tampoco eran fáciles, la crisis económica de 1973 complicaba la situación y el terrorismo golpeando fuertemente contribuía a exacerbar los ánimos de las fuerzas del orden y de los militares.
Los militares habían sido formados en la academias militares franquistas donde se les había inculcado la idea de que eran el último baluarte en la defensa de las esencias patrias y que su misión era velar para impedir transformaciones dañinas para España. El comunismo o las amenazas a la unidad de la Patria que suponían los nacionalismos periféricos eran considerados motivos para que sectores del ejército considerasen que debía dar un golpe de timón, si era necesario derribando al poder civil y sustituyéndolo por otro, preferentemente militar.
Los políticos de la transición siempre tuvieron que contar con la posibilidad de un golpe de estado protagonizado por militares, era lo que en la época se llamaba “ruido de sables”. La situación fue difícil e incluso pudo haber truncado el proceso democrático, el ejemplo más claro fue el intento de golpe del 23 F ( 23 de febrero de 1981) cuando Tejero toma el Congreso de los Diputados con el gobierno en pleno dentro debatiendo la investidura del nuevo presidente Leopoldo Calvo Sotelo. El mismo Tejero había sido sorprendido intentando un golpe antes, la “operación Galaxia” y juzgado por ella con un trato benévolo. Todavía hoy se desconoce la profundidad que había alcanzado la trama o tramas golpistas que afloraron en aquel 23 F. Los juicios posteriores no profundizaron en el juicio de la “trama civil” ni entraron en profundidad en todos los contactos que podía haber establecido los golpistas, quizás la naciente democracia no hubiese soportado la profundización. En una conversación con la periodista Victoria Prego recogida en su libro “Presidentes”, Calvo Sotelo cuenta como tuvo que acotar el número de personas para no implicar a muchísimas.
Pero las intentonas golpistas no acabaron con el 23 F, Muy cerca de las elecciones de 1982, que acabarían llevando al poder al PSOE, el 2 de Octubre agentes del servicio de inteligencia (el CESID) detienen a Luis Muñoz Gutiérrez y Jesús Crespo Cuspinera, coroneles , y al teniente coronel José Crespo Cuspinera, hermano del anterior, como responsables de una intentona golpista prevista para el día 27 de Octubre. Se les acusa de preparar la operación “Cervantes”, un golpe de estado que pretendía ocupar la residencia del Rey, la del presidente, el ministerio del interior, los cuarteles generales de los tres ejércitos, las comunicaciones, TVE... hacerse con la capitanias generales. También el tratamiento que se le dio tanto por parte del gobierno saliente de Calvo Sotelo como del entrante de Felipe González fue muy discreto.
Muchos militares simpatizaron, o por lo menos no veían tan grave la actuación de Tejero y Felipe González tendrá que afrontar algunos problemas por esos temas. Pocos días después de acceder a la presidencia, el doce de diciembre, había accedido el día 2, su recién nombrado ministro de defensa, Narcís Serra, le comunica que el Consejo Supremo de Justicia Militar tenía en el orden del día la decisión de poner en libertar a los implicados en el 23 F, incluso preveían nueve votos a favor, de los doce. Serra por orden de Felipe está dispuesto a disolver el Consejo si ese asunto figura en el orden del día. La explicación que le pretenden dar a Serra es que no ha habido muertes, son unos caballeros, es un gesto de amistad, vienen las navidades... Al fin la postura del gobierno hace que ese asunto se borre del orden del día. Una cosa es no extender la investigación, otra muy distinta que saliesen en libertad los imputados.
También era frecuente que cargos importantes del ejército hiciesen declaraciones de contenido político pretendiendo enmendar la plano a los poderes civiles. Un ejemplo lo tenemos en unas declaraciones que hace el general Fernando Soteras, capitan general de la VII Región Militar, publicadas en Interviú en septiembre de 1983. Justifica el 23 F y pide el indulto para los implicados. El gobierno de Felipe González no entra en polémica, lo cesa y nombra un nuevo capitán general.
Incluso en el año 1985 vuelven los servicios de información a desmantelar otro golpe contra los representantes del estado. Se trata de un atentado contra el desfile que el día de las fuerzas armadas se iba a celebrar en La Coruña el 2 de junio de ese año. Previsiblemente se encontrarían ese día en la tribuna los Reyes, el Príncipe de Asturias, el Presidente del Gobierno y otros altos cargos. Felipe González insiste en que no era conveniente alarmar al país ni a los miembros de la Unión Europea que en aquellos momentos estaban a punto de firmar el acuerdo de ingreso con España y que podía paralizarlo.
Como vemos hasta la entrada de España en la Unión Europea la amenaza de un golpe militar estuvo presente y los distintos gobiernos tuvieron que preocuparse de adelantarse a sus intenciones y detenerlos antes de que se produjesen. El militarismo que procedía del siglo XIX tuvo gran protagonismo en los momentos de la transición.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Constituciones y períodos constituyentes en España (1808-1936)


Este libro de Solé Tura, uno de los padres de la constitución de 1978 actualmente en vigor, recientemente fallecido y de José Aja; libro no muy extenso, la edición que manejo es de 1977 y tiene 144 páginas de texto además de algunas de documentos, es un interesante repaso del período histórico de 1808 a 1936. Los autores hacen una exposición clara de cada período histórico en el que surge cada una de las constituciones desde el Estatuto de Bayona y un análisis de los textos. Un alumno de 2º de bachillerato puede seguirlo sin problemas y me parece un interesante complemento a la asignatura de Historia de España.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Manifiesto de Cádiz. Viva España con honra.

La revolución de 1868 llamada también "La Gloriosa" inicia el sexenio democrático o revolucionario. El llamamiento a los españoles concluye con una frase que ha hecho fortuna. Aquí tenéis lo más destacado.
“Españoles:

La ciudad de Cádiz puesta en armas con toda su provincia (...) niega su obediencia al gobierno que reside en Madrid, segura de que es leal intérprete de los ciudadanos (...) y resuelta a no deponer las armas hasta que la Nación recobre su soberanía, manifieste su voluntad (...)
¿Habrá algún español tan ajeno a las desventuras de la patria que nos pregunte las causas de tan grave acontecimiento?
Hollada la ley fundamental, convertida, siempre, antes en celada que en defensa del ciudadano (...), corrompido el sufragio por la amenaza y el soborno; dependiente la seguridad individual, no del derecho propio , sino de la irresponsable voluntad de cualquiera de las autoridades; (...) muerto el Municipio; pasto la Administración y la Hacienda de la inmoralidad y del agio; tiranizada la enseñanza; muda la prensa y sólo interrumpido el universal silencio por la frecuentes noticias de las nuevas fortunas improvisadas; del nuevo negocio; de la nueva real orden encaminada a defraudar el tesoro; de títulos de Castilla vilmente prodigados; del alto precio, en fin, a que logran su venta la deshonra y el vicio.. Tal es la España de hoy. Españoles, ¿quién la aborrece tanto que se atreva a exclamar: «Así ha de ser siempre»?
No, no será: ya basta de escándalos.
(...) Queremos que una legalidad común por todos creada tenga implícito y constante el respeto de todos: queremos que el encargado de observar la Constitución no sea su enemigo irreconciliable.
Queremos que las causas que influyan en las supremas resoluciones las podamos decir en voz alta delante de nuestras madres, de nuestras esposas y de nuestras hijas. Queremos vivir la vida de la honra y la libertad.
Queremos que un Gobierno provisional que represente todas las fuerzas vivas del país asegure el orden, en tanto que el sufragio universal echa los cimientos de nuestra regeneración social y política. Contamos para realizar nuestro inquebrantable propósito con el concurso de todos los liberales, unánimes y compactos ante el común peligro; con el apoyo de las clases acomodadas, que no querrán que el fruto de sus sudores siga enriqueciendo la interminable serie de agiotistas y favoritos; con los amantes del orden, si quieren ver lo establecido sobre las firmísimas bases de la moralidad y del derecho; con los ardientes partidarios de las libertades individuales, cuyas aspiraciones pondremos bajo el amparo de la ley; con el apoyo de los ministros del altar, interesados antes que nadie en cegar en su origen las fuentes del vicio y del ejemplo; con el pueblo todo y con la aprobación, en fin, de la Europa entera, pues no es posible que en el consejo de las naciones se haya decretado ni decrete que España ha de vivir envilecida. (...) Españoles: acudid todos a las armas, único medio de economizar la efusión de sangre (...), no con el impulso del encono, siempre funesto, no con la furia de la ira, sino con la solemne y poderosa serenidad con que la justicia empuña su espada.

¡Viva España con honra!”

Firmado en Cádiz, 19 de septiembre de 1868 por Juan Prim, Domingo Dulce, Francisco Serrano, Ramón Nouvillas, Rafael Primo de Rivera, Antonio Caballero de Rodas, Juan Topete".


 

martes, 8 de diciembre de 2009

El preocupante envejecimiento de la población gallega


















ACTUALIZADO CON DATOS DE 2011
Los datos sobre el envejecimiento de la población de Galicia son altamente preocupantes. Podemos consultarlos en la página del Instituto Galego de Estatística y analizar las cifras que nos ofrece sobre el índice de envejecimiento.
El índice de envejecimiento nos indica la relación que existe entre la población mayor de 64 años y la menor de 20. Se calcula dividiendo la población mayor de 64 entre la menor de 20 y multiplicando el resultado por 100. Un resultado de 100 nos dice que hay una persona mayor de 64 por cada una menor de 20, si supera el 100 indica que hay más de una. Este índice es significativo porque si pensamos que las personas se jubilan a partir de los 64 años y empiezan a trabajar a partir de los 20 vemos el ritmo con el que van apareciendo nuevos posibles trabajadores y nuevos pensionistas.
La evolución es preocupante.

ÍNDICE DE ENVEJECIMIENTO



AÑO
GALICIA
CORUÑA
LUGO
OURENSE
PONTEVEDRA
1975
39,3
36,3
60,08
53,00
29,4
1999
102,0
95,6
153,4
157,0
76,4
2006
133,5
128,1
200,5
204,0
100,1
2007
135,2
130,0
204,3
207,3
101,4
2011
143,1
137,4
217,9
211,6
110,4




 Partimos de los datos del año 1975:

En ese año por cada 100 personas que podrían ir entrando en el mundo laboral no habría ni siquiera 40 nuevos pensionistas en Galicia. De todos modos vemos un comportamiento distinto para Coruña y Pontevedra que para Lugo y Orense, mucho más envejecidas estas últimas.

En el año 1999 los datos ya se han convertido en muy preocupantes.

En Galicia ya hay más de un nuevo pensionista por cada nuevo trabajador. La situación ha empeorado pero sobre todo para Lugo y Orense; la provincia menos envejecida es Pontevedra pero aún así la cifra se ha multiplicado por casi 2,6.

Los datos de los años 2006 y 2007 hacen que la situación se vea incluso peor.

En todas las provincias ya van apareciendo más viejos que gente en edad de incorporarse al mundo laboral. En Lugo y Orense por cada persona que se vaya incorporando al trabajo nos encontraremos con que más de dos se jubilan.
Por último en 2011 
Si a todo este añdimos que la situación económica no es capaz de ofrecer puestos de trabajo a los jóvenes que se van incorporando y que el desempleo aumenta. ¿Cómo vamos a afrontar la situación?
Estos y otros muchos datos pueden consultarse en la página web del Instituto Galego de Estatística: www.ige.eu/